La depresión es un trastorno psicológico que puede sufrir cualquier persona. Y aunque son varios los factores que pueden desencadenar en ella, cuando se trata de niños, a veces resulta difícil detectar si se trata de depresión o de comportamientos normales de su crecimiento. Conoce las señales que te pueden ayudar a conocer sus síntomas.

Alrededor de 330 millones de personas en el planeta sufren de depresión, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lo grave del asunto es que este trastorno que afecta la forma de pensar, sentir y actuar de quien la padece puede desencadenar en el suicidio. De ahí la importancia de diagnosticarlo a tiempo.

Uno de los mayores inconvenientes, conforme con la psicóloga Angélica Gómez,  especialista en atención de niños y adolescentes, es confundir la depresión con un estado de tristeza transitoria cuando no lo es.

“La depresión es un estado de tristeza constante en el tiempo. En algunas ocasiones, se siente como si llevaras unas gafas azules puestas y que, aunque puede que olvides que las llevas, generan que todo lo veas de ese color; en otras, puedes ser consciente de que llevas las gafas azules puestas, pero sencillamente no sabes cómo quitártelas”, manifiesta la psicóloga Angélica Gómez.

Lo más complejo de la depresión es la manera en que puede estar presente en cada uno de los aspectos de tu vida: a nivel académico, profesional, familiar y hasta la vida en pareja. Y aunque se puede desarrollar a cualquier edad, cuando se le diagnostica a un niño o adolescente puede resultar más difícil de manejar.

“Indudablemente, los niños y los adolescentes son la población más vulnerable porque no han desarrollado los recursos suficientes para manejar sus propias emociones y la adversidad”, manifiesta la experta, claro está, sin restarle importancia a la depresión en adultos y personas de la tercera edad.

¿Por qué se sufre de depresión?

Contrario a lo que se cree comúnmente, la depresión no está asociada a una única causa como la vulnerabilidad, sino que puede ser producto tanto de factores genéticos como ambientales y propios de la persona que la padece.

“Los factores genéticos tienen que ver con la forma como funciona nuestro cerebro y con la posible herencia de congéneres que pueden facilitar que la depresión se desarrolle. Cuando la depresión inicia a temprana edad, es más común que uno de los padres tenga depresión o algún tipo de trastorno mental”, explica Angélica Gómez.

En cuanto a las causas ambientales, son aquellas que hacen referencia  factores externos a la persona que sufre de depresión y que pueden ser un detonante de esta, tales como: abuso sexual, matoneo, la pérdida de un ser querido, dificultades socioeconómicas, pertenecer a grupos marginados, convivir con enfermedades crónicas, entre otras. 

“De otro lado, los factores propios de la persona pueden ser la baja autoestima, altos niveles de ansiedad y dificultades para socializar”, menciona la experta, agregando que también hay depresión orgánica, relacionada con enfermedades endocrinas, reacciones a medicamentos e incluso producto de ciertos métodos anticonceptivos, en el caso de las mujeres.

¿Cómo hacer para detectar si tu hijo tiene depresión?

Aunque la única manera de saber si tu hijo tiene depresión es consultando a un psicólogo o psiquiatra, Angélica Gómez hace las siguientes recomendaciones:

  • Estar pendiente de si hay un constante cambio del estado de ánimo.
  • Observar que tu hijo no esté triste o decaído la mayor parte de su tiempo.
  • Ver que no haya pérdida de interés o rechazo por actividades que anteriormente eran gratificantes.
  • Verificar si hay cambios en el patrón de sueño como despertarse muy temprano o varias veces durante la noche. Incluso dormir mucho tiempo durante el día.
  • Preguntar a tu hijo si tiene pesadillas.
  • Analizar si hay ausencia de reacción emocional. Por ejemplo: si tu hijo deja de sorprenderse con algunas que antes le generaban asombro.
  • En menores de 6 años, son comunes los malestares físicos asociados a la depresión. Además, se debe ver si hay mayor ansiedad en ellos, si hay dificultad para relacionarse con otros niños, si hay pérdida de control de esfínteres y si hay un aumento significativo de pataletas.
  • Ver si tu hijo está inquieto pese a que no es usual en él.
  • Estar pendientes de si manifiestan su aburrimiento de manera constante.

Ten presente que el cambio en su estado de ánimo es una de las señales más importantes a las que debes estar atento y aunque es normal que se presenten cambios emocionales, existen otros signos que no puedes ignorar como:

  • Si tu hijo permanece triste o decaído la mayor parte del tiempo.
  • Si pierde el interés o demuestra rechazo por actividades que anteriormente eran gratificantes (a bailar, a jugar fútbol, a tocar algún instrumento).
  • Si tiene cambios en el apetito y, por ende, cambios de peso.
  • Si presenta cambios en el patrón de sueño (se despierta muy temprano, varias veces en la noche o duerme la mayor parte del tiempo durante el día).
  • Presentar pesadillas.
  • Ausencia de reacción emocional.
  • Tienden expresar aburrimiento de manera constante.

Finalmente, si detectas alguna señal de alarma recuerda que debes contar con el acompañamiento de un experto para darle el mejor manejo y resolución a la situación.