Conoce a este guía de personas con discapacidad que hizo del arte un medio para que sus estudiantes encuentren su propósito y razón de ser.

Él es Andrés Álvarez, un bogotano licenciado en Educación Básica que a sus 32 años ya ha recorrido todo el espectro de la educación básica, desde preescolar, primaria y bachillerato hasta su actual y más fascinante reto: los adultos con discapacidad intelectual.

Hace 4 años, decidió romper sus esquemas y poner en jaque todo lo que “tenía claro” sobre la educación al decidir ser maestro en Enlaces, nuestro programa de educación no formal para personas con capacidades cognitivas especiales. Con el propósito de desarrollar habilidades para la vida y la inclusión social, Andrés se encontró con el enorme reto explorar en sus estudiantes la pasión y las habilidades por las artes plásticas y el dibujo.

En el camino concluyó que las personas con “discapacidad” en realidad no son incapaces sino que tienen facultades y habilidades diferentes. Según él, los que en verdad tenemos una discapacidad somos quienes creemos tener una capacidad cognitiva normal, porque ponemos límites al que es diferente y no le permitimos aportar su valor a la sociedad.

De hecho, él ha concluido que nosotros tampoco somos tan funcionales o “normales” como creemos, pues también tenemos otro tipo de limitaciones bien sea emocionales, relacionales, familiares o de otra índole.

A partir de este descubrimiento, se dio cuenta de que su misión no es enseñar artes plásticas sino hacer de ellas un canal para que sus estudiantes encuentren su razón de vida y contribución al mundo.

“Yo no les enseño nada a ellos, yo los oriento a validar su existencia por medio del arte frente a toda la comunidad que los observa.”

Desde la experiencia con los colores, las texturas y los trazos, ellos pueden descubrir lo que les gusta y lo que no, lo que los inspira y motiva a superarse a sí mismos y a romper esas las limitaciones que le ha impuesto el entorno. La clave está en el desarrollo de la creatividad, pues al hacerlo se aprehende el entorno, se descubre la personalidad y se buscan nuevas formas de materializar lo que sienten en su interior.

“Yo no quiero que ellos aprendan a pintar, yo quiero que sean creativos.”

En este viaje, y contrario a lo que cualquiera pensaría, Andrés también se dio cuenta de que podía impartir a sus nuevos estudiantes la misma exigencia de los colegios regulares pues, aunque en teoría su capacidad de aprendizaje es menor, ha encontrado que su deseo y sed de conocimiento es mucho mayor que el de una persona promedio. Por supuesto, todo este proceso siempre enmarcado en la atención a las condiciones y necesidades individuales.

Por otra parte, este maestro también se ha enfocado en encontrar sus motivaciones y estimular su autonomía pues, a partir de sus propuestas académicas, son los invitados a su programa quienes deciden qué quieren hacer, en qué técnica enfocarse y en qué habilidades profundizar.

“El ejercicio artístico que hemos hecho da cuenta de la forma cómo ellos ven el mundo y se relacionan con él.”

Al final del programa, el objetivo es validar las obras de sus pupilos exponiéndolas en sitios diferentes a Compensar, pues es así como se consolida y se reconoce públicamente el aporte de estas personas a la sociedad y la vez se les estimula por su esfuerzo y buen trabajo.

En este interesante proceso, Andrés también resalta que no solo son ellos quienes han aprendido a vivir sino que él también se ha enriquecido, no solo como maestro sino como persona. Ha aprendido a ser un docente más flexible, a no dar nada por sentado y a ser más intuitivo frente a las inquietudes y esas ganas contantes de experimentar de sus estudiantes. “Contemplar la forma como ellos trabajan y se desarrollan me retroalimenta, me enseña a valorar lo que tengo y me estimula a ser cada vez mejor.” afirma Álvarez.

“Más que llenar una galería de cuadros, mi más grande gratificación es ver que después de varios años ellos todavía me recuerdan.”

En este mes del maestro, historias como la de Andrés nos recuerdan el gran valor de esta noble profesión en la sociedad. Su labor tiene la capacidad de forjar generaciones con una visión renovada y con nuevos valores y fortalezas capaces de transformar nuestra realidad.

Incluso, como vimos en esta historia, un buen maestro puede ayudarnos a encontrar el sentido de la existencia y marcar la diferencia entre la vida y la muerte de nuestro ser interior.

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¡GRACIAS!