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En Colombia, el 43,1% del área licenciada para vivienda ya busca certificaciones sostenibles.
La sostenibilidad dejó de ser un atributo adicional en la vivienda y se convirtió en una variable clave para el sector inmobiliario. Ante los retos de la construcción, la pregunta ya no es cuánto cuesta construir de forma sostenible, sino cuánto valor puede generar hacerlo.
Según el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS), al cierre de 2025, el 43,1% del área licenciada para vivienda en Colombia se encontraba en proceso de certificación bajo estándares de construcción sostenible como LEED, CASA Colombia o EDGE. Durante lo corrido de ese año, se registraron 7,3 millones de metros cuadrados de proyectos en proceso de certificación, de los cuales más de 6,8 millones correspondían a vivienda.
Este avance se da, además, en un momento retador para la industria. Durante el primer trimestre de 2026, la actividad de la construcción generó 5,4% menos valor económico que en el mismo periodo de 2025. Dentro del sector, la construcción de edificaciones, que incluye proyectos de vivienda y otros inmuebles, cayó 8,2%, mientras que los metros cuadrados de edificaciones cuya construcción efectivamente avanzó durante el periodo se redujeron 11,1%, según el DANE.
Ante este escenario, la sostenibilidad adquiere una dimensión que va más allá del impacto ambiental. Implica preguntarse cómo construir viviendas eficientes, que consuman menos recursos, sean más saludables y confortables para sus habitantes, respondan a las condiciones del territorio y, al mismo tiempo, mantengan su viabilidad económica en el largo plazo.
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Leer artículoA escala global, el desafío es todavía mayor. Los edificios representan el 32% del consumo mundial de energía y generan el 34% de las emisiones globales de CO₂, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y la Global Alliance for Buildings and Construction. Esto explica por qué la construcción sostenible está pasando de ser una conversación asociada exclusivamente con eficiencia energética o reducción de emisiones a una visión de triple impacto: ambiental, social y económica.
Por su parte, el estudio “El negocio de la vivienda sostenible y saludable en Colombia”, desarrollado por el CCCS, plantea precisamente que la sostenibilidad puede ser una inversión estratégica con efectos sobre el mercado, el ambiente y la calidad de vida.
Uno de los hallazgos que empieza a cambiar la conversación está relacionado con el costo de incorporar estos criterios. De acuerdo con la investigación, la inversión adicional promedio para certificar un proyecto bajo CASA Colombia es inferior al 1% del costo total y, en la mayoría de los casos analizados, no supera ese porcentaje.
“La sostenibilidad en vivienda no puede entenderse solamente como una inversión para reducir consumos. Es una decisión que impacta la calidad de vida de las familias, la relación del proyecto con su entorno y el valor que ese activo puede generar en el tiempo. En palabras sencillas, el desafío es que una vivienda sea eficiente en el uso de agua y energía, pero también saludable y confortable para quienes la habitan y financieramente viable para quienes la desarrollan”, señaló Maycol Suárez, gerente técnico de Vivienda de Compensar.
Del concepto de vivienda a la creación de comunidades
Esta mirada también está modificando la forma de entender qué significa una vivienda sostenible, ya que una vivienda no funciona de manera aislada: hace parte de un barrio, de una comunidad y, finalmente, de una ciudad.
Por eso, certificaciones como CASA Colombia, LEED y EDGE evalúan diferentes dimensiones de la sostenibilidad. Mientras EDGE se concentra en ahorros cuantificables de energía, agua y materiales, LEED aborda la sostenibilidad integral del proyecto y CASA Colombia incorpora criterios asociados con comodidad y habitabilidad de la vivienda en el contexto local, tanto en proyectos VIS como No VIS. Esta evolución resulta especialmente relevante para Colombia, donde el 55% de las personas encuestadas en el estudio realizado por el CCCS manifestó preferir vivir en proyectos sostenibles.
Este cambio de perspectiva también empieza a reflejarse en las decisiones de los actores del sector. En el caso de Compensar, desde 2023 se estableció como estándar obligatorio que todos sus proyectos de vivienda deben obtener una certificación de sostenibilidad. Actualmente, el 60% de sus 22 proyectos en ejecución y entrega cuentan con certificación o están en proceso de obtenerla, con la meta de alcanzar el 100%.
De acuerdo con el gerente técnico de Vivienda de Compensar, esta apuesta los ha hecho merecedores de diferentes reconocimientos, entre ellos el Premio Líder Plata 2025, por su liderazgo y contribución al desarrollo de proyectos de vivienda sostenible. Además, en 2026 obtuvieron nuevamente el Premio Líder Plata, como resultado de la continuidad de esta estrategia.
Construir vivienda es construir ciudad
Pero llevar la sostenibilidad a la vivienda también supone ampliar la mirada: construir vivienda es, en buena medida, construir ciudad. Esta visión de Compensar se materializa en proyectos que buscan integrar vivienda, espacio público, gestión de recursos y renovación urbana. Uno de los ejemplos es Nativa Parque de las Américas, proyecto que incorpora componentes de eficiencia energética, gestión hídrica, desarrollo urbano sostenible y valor social.
El proyecto hace parte de una apuesta más amplia que también se relaciona con el plan parcial de renovación urbana del Triángulo de Bavaria, experiencia que fue presentada por Compensar como caso de estudio durante Construverde 2026, organizado por el CCCS.
Los resultados de otros proyectos también empiezan a mostrar que la sostenibilidad puede traducirse en indicadores concretos de negocio. Un ejercicio realizado junto con el CCCS sobre el proyecto de vivienda Los Ocobos de Compensar encontró una disminución promedio del 25% en el consumo de energía y agua, una comercialización 32% más rápida, una mejora del 64 % en la reputación de marca y un incremento de 0,49% en los costos de construcción.
“Acá lo importante es que hemos migrado de hablar de cuánto cuesta construir de manera sostenible a cuánto valor puede generar hacerlo y en esa medida los proyectos de vivienda deben responder a las necesidades de las familias, pero también a las de las ciudades: eficiencia en los recursos, espacios de calidad, resiliencia y bienestar”, agregó Maycol Suárez.
La transformación, sin embargo, apenas comienza. Ampliar el alcance de estas prácticas implica fortalecer la oferta de materiales sostenibles, facilitar el acceso a financiación verde y encontrar modelos que permitan incorporar estos estándares en diferentes segmentos de vivienda.
El reto para el sector será lograr que la sostenibilidad deje de verse como un elemento adicional y se convierta en parte de la manera en que se conciben, desarrollan y habitan las ciudades, porque al final hablar de vivienda sostenible no es solamente hablar de edificios que consumen menos, es hablar de viviendas que generan valor para las familias, para quienes las desarrollan y para los territorios en los que se construyen.
Más información: https://corporativo.compensar.com/vivienda


