9 min. tiempo de lectura
El bienestar en la persona mayor está relacionado con las condiciones, relaciones, decisiones y oportunidades que permiten vivir esta etapa de acuerdo con lo que cada persona valora. En algunas etapas, incluso podemos llegar a asociar el avance con una agenda llena, más compromisos o el cumplimiento constante de nuevas metas.
Sin embargo, cuando cambian las responsabilidades laborales o familiares, se transforman las prioridades o aparece el deseo de reorganizar el tiempo, también puede surgir una pregunta: ¿qué quiero construir en esta nueva etapa?
La respuesta será diferente para cada persona. Puede implicar iniciar un proyecto, retomar un interés, cuidar una relación, aprender algo nuevo, participar en la comunidad o encontrar una manera distinta de vivir el presente.
Sobre estas experiencias conversaron Juan Manuel Correal y María Cecilia Botero en Estar Bien, un espacio de Revista Compensar dedicado a reflexionar sobre el bienestar en diferentes momentos de la vida.
Cumplir años no significa dejar de construir. También puede implicar encontrar nuevas formas de participar, aprender, compartir y tomar decisiones sobre el propio bienestar.
¿Sabías que tu ropa usada ayuda al medio ambiente? Así es la nueva tendencia ecoamigable
En los últimos años, la compra y venta de ropa de segunda mano se ha incrementado notablemente, y no es…
Leer artículoEnvejecimiento saludable: una experiencia diferente para cada persona
Envejecer no tiene una única forma ni significa necesariamente disminuir el ritmo, abandonar los proyectos o apartarse de las decisiones importantes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) entiende el envejecimiento saludable como el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar durante la vejez. Esta capacidad no depende únicamente del estado de salud: también está relacionada con las condiciones del entorno y con las posibilidades de continuar realizando aquello que cada persona valora.
Por eso, hablar de bienestar durante esta etapa exige reconocer experiencias diversas. Algunas personas encuentran más tiempo para desarrollar nuevos intereses; otras continúan trabajando, asumen responsabilidades de cuidado o enfrentan retos relacionados con la salud, la autonomía, los ingresos o las redes de apoyo.
No se trata de idealizar el envejecimiento ni de presentar la felicidad como una obligación. Se trata de reconocer que, según las condiciones de cada persona, pueden existir nuevas posibilidades de participación, aprendizaje, vínculo y disfrute.
¿Cómo puede aportar la experiencia al bienestar en la persona mayor?
Con el paso del tiempo, muchas personas desarrollan conocimientos, habilidades y formas de afrontar situaciones que pueden seguir siendo valiosas en diferentes contextos.
Parte de ese conocimiento puede conservarse, actualizarse y encontrar nuevas formas de aplicación. La experiencia puede expresarse al acompañar un proceso, ejercer una mentoría, transmitir un oficio, desarrollar un proyecto, participar en la comunidad o continuar aprendiendo junto con otras personas.
Esto no significa que las personas mayores deban asumir siempre el papel de enseñar ni que las más jóvenes tengan únicamente el de aprender. Cuando existen espacios de intercambio, personas de distintas generaciones pueden compartir conocimientos, cuestionar estereotipos y construir nuevas formas de colaboración.
Suponer que una persona tiene menos posibilidades de participar debido a su edad es una expresión de edadismo. La Organización Mundial de la Salud emplea este término para referirse a los estereotipos, prejuicios y formas de discriminación relacionados con la edad. Estas prácticas pueden limitar la participación y afectar la salud y el bienestar.
Reconocer la experiencia no significa reducir a una persona a todo lo que hizo en el pasado. También implica escuchar sus intereses actuales, respetar sus decisiones y comprender que puede seguir cambiando, aprendiendo y construyendo nuevos propósitos.
En el primer capítulo, Juan Manuel Correal y María Cecilia Botero conversan sobre el valor de la experiencia y las distintas formas de participación a lo largo de la vida.
El valor personal no depende de demostrar permanentemente
En algunas etapas de la vida, el reconocimiento externo puede ocupar un lugar importante: cumplir metas, asumir responsabilidades, demostrar capacidades o alcanzar determinados resultados.
Con el tiempo, cada persona puede revisar cuánto peso quiere darles a esas expectativas y cómo desea relacionarse con ellas.
La experiencia puede abrir un espacio para reconocer las propias capacidades, revisar prioridades y separar el valor personal del cargo, la productividad o la aprobación de los demás.
Esto no significa perder curiosidad, ambición o interés por comenzar nuevos proyectos. Significa comprender que la dignidad y el valor de una persona no dependen exclusivamente de cuánto produce, cuántas responsabilidades asume o cuánto reconocimiento recibe.
Para algunas personas, esta etapa puede representar una oportunidad para trabajar por elección, compartir conocimientos o dedicar tiempo a una actividad significativa. Para otras, continuar trabajando puede responder a una necesidad económica o familiar.
El bienestar tampoco debe convertirse en una nueva exigencia. No todas las personas tienen que emprender, viajar, enseñar, mantenerse permanentemente ocupadas o transformar una afición en un proyecto productivo. Descansar, recibir apoyo y vivir con un ritmo propio también son decisiones válidas.
El segundo capítulo aborda la relación entre las expectativas personales, el reconocimiento y el valor que cada persona atribuye a sus decisiones.
Elegir cómo vivir el tiempo también hace parte del bienestar
Hay momentos en los que gran parte del tiempo se organiza alrededor del próximo objetivo y de aquello que falta por alcanzar.
Cuando cambian las responsabilidades o las prioridades, reorganizar el tiempo puede requerir un proceso de adaptación. Esto no significa dejar de participar, aprender o construir proyectos. Puede abrir un espacio para decidir qué actividades, vínculos y experiencias ocupan un lugar importante.
Conversar, compartir tiempo con otras personas, cuidar la salud, aprender algo nuevo o participar en una actividad significativa son algunas maneras de vivir el presente. Estas actividades pueden elegirse de acuerdo con los intereses, las condiciones y las posibilidades de cada persona.
Contar con condiciones reales para tomar decisiones sobre el propio tiempo también puede contribuir al bienestar. Sin embargo, esa autonomía puede estar influida por factores como la salud, los ingresos, las responsabilidades de cuidado, el acceso a servicios y las redes de apoyo.
Por eso, cambiar el ritmo no debe entenderse automáticamente como disminuir la velocidad. Algunas personas querrán reducir compromisos; otras preferirán comenzar proyectos, asumir retos o mantenerse activas. Lo importante es no establecer una única manera correcta de vivir esta etapa.
Este tercer capítulo propone una conversación sobre la relación con el tiempo, las prioridades y las distintas formas de vivir el presente:
También te puede interesar: Test: ¿Cómo va tu bienestar emocional? ¡Descúbrelo!
El bienestar y la participación no terminan a una edad determinada
Hablar de las personas mayores también invita a revisar los estereotipos con los que entendemos el envejecimiento.
Cumplir años no debería significar perder espacios de participación, dejar de aprender ni quedar al margen de las decisiones que afectan la propia vida. Según sus intereses, capacidades y condiciones, cada persona puede continuar aprendiendo, fortaleciendo relaciones, iniciando proyectos o participando en su comunidad de diferentes maneras.
Esta reflexión no involucra únicamente a quienes viven esta etapa. También incluye a otras generaciones, porque la forma en que entendemos el envejecimiento influye en los entornos que construimos para todas las edades.
Las decisiones y hábitos desarrollados a lo largo de la vida pueden influir en el bienestar futuro, pero no son el único factor. También intervienen el entorno, el acceso a servicios, las relaciones, las condiciones económicas y las oportunidades de participación.
Más que una cifra, la “feliz edad” puede entenderse como la posibilidad de vivir cada etapa con dignidad, autonomía, vínculos y condiciones que permitan hacer aquello que cada persona valora.
Dimensiones que pueden contribuir al bienestar
| Dimensión | ¿Cómo puede expresarse? | ¿Qué conviene evitar? |
| Participación | Tomar decisiones, desarrollar proyectos o involucrarse en la comunidad | Limitar la participación o la toma de decisiones por razón de la edad. |
| Aprendizaje | Explorar intereses, actualizar conocimientos, enseñar y aprender | Asumir que aprender tiene una edad límite |
| Vínculos | Cuidar relaciones e intercambiar experiencias entre generaciones | Excluir, infantilizar o tomar decisiones sin escuchar a la persona. |
| Autonomía | Decidir sobre el propio tiempo, prioridades y estilo de vida. | Imponer un único modelo de envejecimiento |
| Propósito | Encontrar actividades significativas de acuerdo con los intereses personales | Exigir productividad permanente como medida de valor |
| Cuidado | Acceder a servicios, redes de apoyo y entornos que respondan a las necesidades | Responsabilizar exclusivamente a la persona por su bienestar |
El bienestar se construye durante todas las etapas de la vida
Desde la mirada de bienestar integral de Compensar, cada etapa de la vida plantea necesidades y posibilidades diferentes.
Estas dimensiones no se viven de la misma manera ni permanecen estables a lo largo del tiempo. Reconocer esa diversidad es necesario para construir entornos que respeten las decisiones, capacidades y necesidades de cada persona.
Envejecer también puede abrir nuevas formas de participar, cuidar las relaciones y tomar decisiones sobre la propia vida. Para algunas personas, esta etapa traerá una relación diferente con las expectativas, el tiempo y aquello que desean compartir. Para otras, podrá estar marcada por nuevos retos. Ambas experiencias merecen ser reconocidas.
El bienestar no consiste en negar el paso del tiempo ni en cumplir una idea predeterminada de felicidad. Consiste en construir condiciones para vivir con dignidad, autonomía, vínculos y posibilidades reales de participación.
Quizá ese sea el sentido más profundo de Feliz edad: no una cifra ni una fórmula, sino una invitación a reconocer el valor de cada etapa y la diversidad de formas en que puede vivirse.
El cuarto capítulo cierra la conversación de Estar Bien con una reflexión de Juan Manuel Correal y María Cecilia Botero sobre bienestar, experiencia y envejecimiento.
También te puede interesar: Doble clic: ¿Qué es bienestar? Con Óscar Mario Ruiz