La historia de Deblanco comenzó con las primeras puntadas de doña Lucía Botero, quien tejió los cimientos de lo que hoy es una empresa familiar reconocida. Años después, su hija Lucía continuó el legado, y hoy Andrea Echeverry Restrepo, nieta de doña Lucía, lidera la compañía con la misma pasión y dedicación.
“Mi mamá es enfermera de profesión y Deblanco nació de su necesidad de uniformes. Todas sus compañeras empezaron a pedirlos porque eran hermosísimos”, recuerda Andrea.
Un legado que nació de la necesidad
Andrea creció entre telas y máquinas de coser, mostrando desde pequeña un interés natural por continuar el legado familiar. En un momento difícil, cuando parecía que la empresa podía cerrar, la familia tomó la decisión de seguir adelante:
“Decidimos: o cerramos o sacamos adelante Deblanco. Mi mamá, con toda su berraquera y esfuerzo, dijo: ‘Lo vamos a sacar adelante’”, cuenta Andrea.
El traslado del padre de Andrea a Bogotá puso en riesgo el pequeño taller de Medellín, pero la pasión familiar no permitió que el sueño se detuviera. “Mi mamá visitaba clientes, mientras mi tía se quedaba en el almacén. Todo se llevaba manual: inventario con tarjetas, proveedores con tarjetas. Poco a poco fuimos creciendo y llegamos a tener hasta 120 operarias”, relata Andrea.
Vestir a Compensar: 35 años de confianza
La búsqueda de nuevos mercados llevó a Deblanco a consolidar su relación con Compensar, confeccionando uniformes para sus colaboradores. Ahora, esa relación cumple 35 años, basada en la calidad y la confianza.
“Vestimos a aproximadamente 2.500 funcionarios de Compensar, lo que representa entre 30.000 y 40.000 prendas anuales. Esto mueve la industria textil y genera empleo para unas 300 personas, directa e indirectamente”, explica Andrea.
Deblanco forma parte de los 1,800 proveedores activos de Compensar, el 57 % de ellos Mipymes, trabajando juntos con el propósito de contribuir a la salud y bienestar de los usuarios.
Dale play y conoce cómo Deblanco viste a Compensar por tres generaciones:
Mirando hacia el futuro
Andrea sueña con que Deblanco siga creciendo y generando más empleo: “Quiero que Deblanco siga inspirando, atendiendo más clientes, produciendo más unidades y dando empleo a más personas. Mi visión es que sea más grande, no solo para Compensar, sino para muchas otras empresas”, concluye.
La historia de Deblanco es un ejemplo de cómo la pasión familiar, la perseverancia y la visión empresarial pueden convertir un pequeño taller en un referente de la industria, impactando vidas y comunidades.




