Mujer haciendo match en la aplicación de citas Tinder

¿Tienes muchos pretendientes pero con ninguno formalizas? Esto se conoce como síndrome de tinderella. Mariángela Villamil Cancino (@juanalajirafa), psicóloga e investigadora social, hace una lectura crítica de este síndrome y nos explica por qué debemos verlo desde una perspectiva positiva. 

El Síndrome de Tinderella nace de la unión de Tinder (aplicación de citas) y cinderella (cenicienta). Este término fue acuñado por las psicólogas británicas Emma Kenny y Jenny Stallard quienes determinaron que quienes lo sufren suelen ser personas que aunque tienen varios pretendientes no llegan a concretar con ninguno ya sea por miedo a conocer a esa persona físicamente o porque les encanta quedarse en la fase de conquista.

De acuerdo con las psicólogas británicas, las mujeres son las que se ven mayormente afectadas por este síndrome. Sin embargo para Mariángela Villamil, creadora del podcast Cuarentólogas, “esto le sucede tanto a hombres como a mujeres. Lo que pasa es que se entiende el Síndrome de Tinderella desde un paradigma de amor romántico que ya no funciona para muchas mujeres, porque a través de este tipo de aplicaciones hemos encontrado una forma más libre de relacionarnos sexo afectivamente”.

Y es que como anota la experta “desde tiempos remotos el deber ser para la mayoría de las mujeres ha sido encontrar pareja, casarse y tener hijos. Sin embargo, encontrar la media naranja o el amor de tu vida ha dejado de ser sinónimo de realización”.

El amor y la tecnología

De acuerdo con la experta, “la sociedad no ha cambiado por la tecnología, es al contrario la sociedad cambió y llegó a dar las respuestas que necesitábamos para esos cambios. Por ende, no es culpa de la tecnología que las personas coqueteen con dos personas al mismo tiempo, es simplemente una expresión de lo que está pasando en el mundo”.

De hecho, una de las señales que permiten identificar el Síndrome de Tinderella es perder rápidamente el interés por la persona con quien has intercambiado mensajes en la app o redes sociales. Sin embargo nos cuenta Mariángela “ hace como 20 años yo iba a un bar, conocía una o dos personas, les daba mi número. Pensaba: ojalá lo haya anotado bien. Y luego, cuando el muchacho aparecía, perdía el interés de conocerlo o quizás conversaba durante un tiempo y después me moría de nervios de volverlo a ver ”. Estas son algunas de las anécdotas de Mariángela  que seguramente también te han pasado a ti y  lo hemos vivido la mayoría de personas. Los seres humanos somos inseguros y muchas veces el amor está lleno de miedos. Esto siempre ha pasado, solo que ahora es más evidente.

Ahora bien, una de las ventajas de las aplicaciones de citas es que permiten ampliar la posibilidad de conocer más gente. “En un bar por máximo conocías a dos personas, en cambio ahora entablas conversación con diez al tiempo”.

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Por eso, es momento de romper los prejuicios sobre estas apps

Mariángela Villamil Cancino como psicóloga y usuaria de este tipo de aplicaciones invita a los lectores a romper estos prejuicios, estar ahí no es sinónimo de estar desesperado. “Yo decía: nunca voy a descargar este tipo de  aplicaciones porque es de personas desesperadas. Después un amigo me instaló la aplicación en el celular y ese día hice como 10 matchs y pensé estoy perdiendo el tiempo. Ahí comencé a romper prejuicios”.

“En las aplicaciones de citas encuentras todo tipo de personas, es una nueva forma de conocer gente. Estar ahí es lo mismo que estar sentado en un bar, solo se amplía la posibilidad de conocer más personas. Por eso está bien que coquetees y no concretes con nadie,  lo cual también es válido. Querer encontrar el amor de tu vida o no. Esto depende de lo que cada persona quiera en  su vida sexoafectiva”, concluye Mariángela Villamil.

Por eso, si entendemos el Síndrome de Tinderella desde otra perspectiva descubrimos que no está mal coquetear y seguir soltero. Realizar este tipo de actividades brinda libertad, sobre todo para las mujeres, quienes han pasado de tener un rol pasivo a asumir un rol activo en las relaciones sexo afectivas.