El cerebro de la mujer explicado desde la neurociencia

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    Desde la neurociencia se han desarrollado diferentes estudios que han demostrado que las mujeres poseen una mayor habilidad para expresar sus emociones y una “intuición femenina” que las hace ser más compasivas y bondadosas. ¿Es cierto esto? Conócelo a continuación.

    Durante más de 200 años se han realizado estudios científicos para comprender e identificar si existen diferencias entre el cerebro de la mujer y del hombre. Uno de esos análisis fue desarrollado por el neurólogo Paul Broca, quien comparó 292 cerebros masculinos con 140 cerebros femeninos. El principal resultado de la investigación fue que el cerebro de la mujer pesaba 181 gramos menos que el del hombre.

    Esto generó que el investigador, en aquella época, afirmara: “las mujeres son menos inteligentes que los hombres”, porque tienen un cerebro más pequeño.  Pero esta diferencia anatómica no es una verdad absoluta porque, aunque la media del tamaño del cerebro de los hombres es más grande, existen cerebros masculinos pequeños o mujeres con cerebros grandes.

    Y como explica Stephanie Mullen, experta en el campo de las neurociencias clínicas y cognitivas de la Universidad de Londres, Goldsmiths,  “el tamaño del cerebro no determina la inteligencia. Por ejemplo, una ballena o un elefante tienen un cerebro más grande que el del ser humano, pero no por eso son más inteligentes. La inteligencia es la proporción del cerebro frente al resto del cuerpo”. Por lo tanto, esta afirmación es un mito.

    Además de este estudio, y con el transcurso del tiempo, se han realizado otras investigaciones de la estructura cerebral, que identificaron ciertas habilidades predominantes en las mujeres:

    Materia gris

    Se cree, y aunque con interpretaciones diversas, que las mujeres poseen un mayor porcentaje de materia gris. Esto significa que son más hábiles en áreas cognitivas como el lenguaje lo que les facilita la comunicación verbal y la comprensión del significado de las palabras.

    Sistema límbico

    En las mujeres, la amígdala tiene una mayor conexión con la corteza, orbitofrontal, por eso expresan mejor sus emociones y cuentan con una mayor capacidad para comprender las emociones del otro, generando que sean más empáticas.

    Corteza insular o ínsula

    La ínsula es más grande en las mujeres, por eso leen mejor las emociones, es lo que de acuerdo con Stephanie Mullen se conoce como el sexto sentido de la mujer.

    Cuerpo calloso

    El cuerpo calloso, al estar más desarrollado en las mujeres, les facilita la capacidad de conectar ambos hemisferios (derecho e izquierdo), es decir, integrar la capacidad analítica e intuitiva. Por eso, es común que se crea que las mujeres posean la habilidad de realizar diferentes tareas al mismo tiempo (multitasking) y generar soluciones para determinado grupo.

    Aunque estos estudios identificaron algunas diferencias anatómicas entre el cerebro de la mujer y del hombre, como explica Stephanie Mullen, quien cuenta con amplia experiencia en el desarrollo de la neurociencia y su conexión con el liderazgo y el cambio socio-cultural, “hace algunos años se evidenció que estos no son replicables, es decir, si se realiza un estudio con mujeres en China y otro estudio con mujeres latinoamericanas se arrojarán resultados distintos porque los cambios anatómicos o comportamientos funcionales están asociados a la  socialización y medio ambiente a las que hemos estado expuestos desde pequeños”.

    Para ejemplificar lo mencionado anteriormente, Mullen explica que “uno de los estereotipos que se han creado sobre las mujeres latinoamericanas es que tienden a escoger carreras universitarias como comunicación social, trabajo social, psicología, entre otras, mientras que, los hombres latinoamericanos suelen estudiar carreras asociadas a ingenierías o ciencias exactas”.

    Pero si nos devolvemos a la niñez,  nos damos cuenta que “muchas niñas jugábamos a roles como ser cuidadora, mamá, profesora, enfermera, mientras que,  los niños jugaban con lego, robots o hacían roles de policía, bomberos y superhéroes. Por eso, no es de extrañar que si desde pequeños se estuvo expuesto a esto cuando se elige una carrera, las mujeres opten por comunicación social, enfermería o trabajo social y los hombres por construcción, ingeniería o arquitectura”.

    En ese orden de ideas, “la socialización es lo que puede afectar o moldear nuestro cerebro y es lo que nos permite ser lo que somos hoy en día. Por esta razón, no se puede generalizar las diferencias entre el cerebro de los hombres y de las mujeres porque esto crea barreras de género y estereotipos”, señala Stephanie Mullen.

    ¿Y la neuroquímica?

    La neuroquímica es el estudio de sustancias químicas involucradas en el funcionamiento del sistema nervioso de un organismo. En ese sentido, hay neurotransmisores y hormonas que sí cambian dependiendo de si se es hombre o mujer, por ejemplo: “las mujeres producimos más estrógenos y progesterona, que varía de acuerdo a la fase del ciclo menstrual, esto nos  hace ser más empáticas. En cambio, los hombres producen más testosterona en el cerebro, llevándolos a ser más impulsivos”.

    No obstante, y al igual que los estudios anatómicos del cerebro, “no se puede generalizar ni crear estereotipos, porque si nos basamos en la neuroquímica podemos caer en el error de decir: ‘Ella está así porque está en sus días’ .  Y la realidad es que no se ha comprobado que los neurotransmisores y hormonas generen cambios a nivel funcional o psicológico”, explica Stephanie Mullen.

    Por eso, se debe evitar  generalizar y decir: “es que las mujeres son mejores haciendo varias tareas al mismo tiempo o los hombres son mejores manejando” porque como señala Mullen, “cada cerebro es una huella digital, ninguno es igual a otro porque influyen muchos factores como las condiciones ambientales”.

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    Comprender esto nos ayuda a darnos cuenta de que todas las personas pueden ser lo que quieran ser, porque las habilidades no pueden definirse si se es mujer o hombre. El cerebro es plástico y permeable, por lo tanto, todas las experiencias que se viven y aprendizajes que se reciben, moldean el cerebro, y por ende, las destrezas.

    Así que, tanto las mujeres como los hombres pueden ser empáticos, tener una buena comunicación verbal e inteligencia espacial, además de ejercerla carrera u oficio que deseen, así como,  de reinventarse, y lograr ser su mejor versión cada día.

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