Niña con osito de peluche con máscara, coronavirus de Navidad y concepto de pandemia

En la temporada navideña la mejor forma de prevenir contagios por coronavirus es cuidándose, porque la pandemia no toma vacaciones y sigue cobrando vidas.

Llevamos alrededor de ocho meses protegiéndonos del COVID-19 y por eso, aunque parezca repetitivo, debemos seguir implementando las medidas de prevención y autocuidado con el fin de mitigar el riesgo de contagio.

Por esta razón Revista Compensar habló con el Dr. Edwin Silva Monsalve, especialista en infectología, jefe del servicio de infectología de la Clínica Shaio, asesor del Comité de Infecciones de los Servicios Ambulatorios y de la Cohorte de Costo, Riesgo, Salud de Compensar EPS, quien nos contó por qué en esta temporada navideña no debemos bajar la guardia sino que debemos seguir cuidándonos.

  1. ¿Por qué es importante continuar con las medidas de prevención?

Si bien en Colombia, según los datos presentados por la encuesta nacional seroepidemiológica del Instituto Nacional de Salud, ciudades como Leticia o Barranquilla podrían estar más cerca de una eventual “inmunidad de rebaño” con seroprevalencias >50%, incluso en esas ciudades, una proporción significativa de personas sigue siendo susceptible y el potencial de más muertes por COVID-19 sigue vigente.

Para ciudades como Medellín o Bogotá, que pueden tener una seroprevalencia de alrededor de 30%, se tiene una mayor proporción de la población todavía susceptible a infectarse, por ende, distamos mucho de una “inmunidad de rebaño”. Que, a propósito, siempre lo ponemos entre comillas, pues ante una enfermedad nueva como esta, la inmunidad es algo que apenas estamos tratando de comprender (cómo se establece, qué tan efectiva es, cuánto dura, etc., son preguntas que todavía esperan respuestas más precisas de parte de la ciencia).

Esto para concluir que la pandemia no ha acabado por más que estemos cansados de la situación actual. El virus no tiene conciencia moral, no se cansa, sigue su curso biológico y epidemiológico. Por eso el mensaje más importante es:  la pandemia continúa y no toma vacaciones. Si bien la disponibilidad de vacunas efectivas es una luz al final del túnel, lo cierto es que para disponer de estas de forma masiva todavía nos falta un trecho importante por recorrer en el 2021; por eso el esfuerzo por el auto y el hetero cuidado debe ser sostenido en el tiempo.

2. Se ha hablado mucho acerca de cuándo llegará el segundo pico de la pandemia. ¿Qué puede decir frente a este tema?

El comportamiento de la epidemia en Colombia es asincrónico, esto significa que no todas las regiones presentan la misma intensidad, ni se encuentran en el mismo momento epidemiológico. Entonces, para hablar del segundo pico se requiere especificar la ciudad.

En Bogotá tuvimos el primer pico entre julio y agosto y si esto tuviera los mismos determinantes que Europa o Estados Unidos sería esperable un rebrote en un plazo de seis meses, pero la realidad es que el comportamiento de la epidemia en países con estaciones, con otras estructuras demográficas y con diferencias socioculturales sustanciales respecto de nuestra realidad hace que el ejercicio de extrapolar escenarios sea del todo impreciso. Una mirada valorativa más precisa requiere modelos matemáticos que ajusten variables propias de nuestro entorno.

En Bogotá, después del pico, entramos en una especie de meseta, bastante sostenida, en la que se siguen presentando entre 30 y 40 muertes al día (lo cual sigue siendo toda una tragedia). Calcular el momento y la intensidad de un rebrote dependerá de contar con datos certeros de seroprevalencia (próximos a salir) y evaluar el impacto que el incremento de la movilidad y el número de contactos en la época de diciembre traerá en la trayectoria de la epidemia.

Considero que después de diciembre, un rebrote es un escenario probable, pero escapa de mi alcance contarles si esto será así, y mucho menos predecir la intensidad que pueda tener ese eventual rebrote, allí es donde entra a jugar un papel importantísimo el modelamiento matemático y epidemiológico realizado por expertos.

De momento un buen lugar para poner la vista es la ocupación de las Unidades de Cuidado Intensivo (UCI) dedicadas a COVID-19 en Bogotá. Por semanas estuvimos discretamente por debajo de 50 % de ocupación; en este momento estamos ligeramente por encima de un 50%. En la institución en la que trabajo, que es un centro de referencia de alta complejidad, hemos observado permanentemente una ocupación >90% en UCI-COVID-19; traigo esto a colación solo para mencionar que en muchos equipos de respuesta (si es que no en todos) estamos absolutamente cansados de ver morir gente.

3. ¿Qué recomendaciones puede darnos para cuidarnos durante esta temporada?

Creo que la comunidad en general ha sido extensamente ilustrada en la gestión de riesgo y buena parte del comportamiento estacionario de la epidemia en lugares como Bogotá, se explica en parte por un buen grado de adherencia de la población a las indicaciones de autocuidado, pero se cierne una preocupación por los cambios de comportamiento que pueda traer esta temporada de fiestas.

Actualmente el punto más importante es que evitemos la “fatiga pandémica”, este no es un momento para relajarnos, estamos más cerca de una salida de la pandemia, pero de nada sirve que estemos cerca si por una imprudencia o un momento de fatiga “damos papaya” y nos quedamos “rezagados”. Con vacunas efectivas a la vista, cada muerte en este tiempo es doblemente dolorosa.

La comunidad en general debe recordar permanentemente los escenarios de alto riesgo. Cuando contraemos una infección en entornos como los de las 3C (cerrado, concurrido y con contactos cercanos) no solo corremos el riesgo de contagiarnos, sino eventualmente de enfermar más gravemente al adquirir una dosis infecciosa más alta.

Si estamos en un encuentro familiar, en un lugar cerrado (mal ventilado), con contactos cercanos (es decir a menos de dos metros de distancia y sin uso de mascarilla), eventualmente en un espacio sobre habitado (como puede ser la sala de cualquier apartamento en Bogotá que recibe de visita a una o dos familias) pues simple, transcurridos apenas 15 minutos de este cóctel de riesgo ya entramos en una zona de altísimo impacto, mucho más si el encuentro se prolonga en el tiempo y si se incurre en acciones que incrementan la generación de aerosoles como poner música a alto volumen (que nos hace hablar más duro), bailar o cantar, acciones todas que incrementan la potencia para generar aerosoles.

Por eso lo ideal sería evitar los encuentros presenciales, pero es innegable que escapa de nuestra naturaleza social y gregaria posponer de forma indefinida el contacto con nuestros congéneres. Por ello si un encuentro presencial no pudo ser evitado debemos tener muy presentes algunas recomendaciones básicas:

Generar reuniones en espacios abiertos, donde exista ventilación natural, siempre acompañado de un uso permanente y correcto de la mascarilla.

Procurar mantener el distanciamiento físico de dos metros. Como es fácil pasar por alto esta medida, se torna clave la protección extra brindada por las reuniones en lugares abiertos y con uso permanente de mascarillas. Pero idealmente no deberíamos “relajarnos” con el tema del distanciamiento.

Limitar el tiempo del encuentro, a mayor tiempo, mayor exposición.

Lavarse frecuentemente las manos con agua y jabón, o higienizarnos con alcohol glicerinado, especialmente antes de tocarnos la cara.

Procurar que el aforo de las reuniones esté compuesto sólo por grupos pequeños. Aunque están permitidos aforos de hasta 50 personas, lo recomendable es evitarlos, los aforos superiores a 10 personas ya incrementan el riesgo de forma significativa.

Como a la hora de comer hay que quitarse el tapabocas, se debe procurar compartir la mesa con el núcleo familiar cercano (con los que se habita en una misma casa), manteniendo con otros individuos el distanciamiento físico en un lugar bien ventilado.

Utilizar caretas de protección ocular puede parecernos ridículo o exagerado, pero las personas se sorprenderían si conocieran en detalle la evidencia científica que respalda esta medida, no debería subestimarse, especialmente para las personas de más alto riesgo (como nuestros familiares de mayor edad o con enfermedades de base).

“En estas fiestas decembrinas no bajes la guardia, si es posible reúnete virtualmente o llama a ese ser querido que hace mucho tiempo no ves porque el mejor regalo que le puedes dar es cuidarte para cuidarlo a él y a los demás”.

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