7 min. tiempo de lectura
Hablar de plata no debería ser una conversación que aparece solamente cuando llega una deuda, falta dinero o hay una pelea. También debería ser una conversación sobre sueños, tranquilidad y proyecto de vida.
Hay parejas que pueden pasar horas hablando de a dónde quieren viajar, qué casa les gustaría comprar o incluso cuántos hijos quieren tener, pero la última pregunta que se hacen es: ¿cómo vamos a pagar todo eso?
Un estudio de Johanna Peetz, Zoe Meloff y Courtney Royle de 2023 se centró en resolver una pregunta: cuando las parejas pelean por dinero, ¿por qué pelean realmente? Los investigadores encontraron que muchos de estos conflictos giran principalmente alrededor de dos preocupaciones: justicia, ¿estamos aportando de manera justa?, y responsabilidad, ¿estamos tomando decisiones financieras responsables?
Antes de llegar a esas discusiones, creo que una de las primeras preguntas que una pareja debería hacerse es: ¿qué queremos lograr y cómo vamos a financiarlo?
¿Cuánto entra, cuánto sale y cuánto debemos?
Esta conversación es indispensable. Antes de hacer planes, una pareja debería saber cuál es su realidad financiera: cuánto dinero entra cada mes, cuánto se va en gastos y cuánto está comprometido en deudas y otras obligaciones.
Perimenopausia, la transición hacia la menopausia
La perimenopausia es la fase de transición natural previa a la menopausia en la cual los ovarios de la mujer…
Leer artículoUna forma sencilla de empezar es hacer una lista con los ingresos netos de cada uno, los gastos habituales y las cuotas de los créditos que ya están pagando. Esto permite saber cuánto dinero queda realmente disponible para ahorrar, invertir o asumir nuevas obligaciones.
Supongamos que Camila gana $5 millones y Andrés $4 millones. Entre los dos reciben $9 millones al mes. Si sus gastos habituales son de $5 millones y además pagan $2 millones en cuotas de créditos, en realidad solo tienen $2 millones disponibles para otros objetivos.
Conocer esa cifra cambia la conversación. Ya no se trata solamente de cuánto ganamos, sino de cuánto de lo que ganamos está realmente disponible para construir nuestros planes.
¿Cómo vamos a repartir los gastos?
Aquí aparece una de las preguntas que más discusiones puede generar: ¿mitad y mitad o proporcional a los ingresos?
No existe una fórmula correcta. Si ambos ganan lo mismo, dividir algunos gastos 50/50 puede ser sencillo.
Pero si una persona gana $5 millones y la otra $4 millones, exigir que cada una aporte exactamente la mitad puede significar un esfuerzo completamente diferente.
Por eso, más que buscar una división “perfectamente igual”, vale la pena buscar una división que ambos consideren justa.
Y también hablar de algo que muchas veces queda invisible: ¿quién administra las cuentas?, ¿quién paga los servicios?, ¿quién hace las compras?, ¿quién se encarga de los trámites?
Porque administrar el dinero y pagar las cuentas también es trabajo. ¿Cuándo una decisión sobre mi dinero deja de ser solo mía?”
La pregunta no es ¿tenemos que contarnos todo?. Es mucho más útil preguntarse: ¿qué decisiones sobre mi dinero pueden afectar las metas que tenemos juntos?
No se trata de controlar al otro, sino de conversar sobre decisiones que puedan cambiar el presupuesto o los planes de ambos. Una deuda importante, un nuevo crédito o una obligación familiar son ejemplos que vale la pena poner sobre la mesa.
¿Vamos a tener todo en común o cada uno conservará su dinero?
Esta es otra conversación importante y no existe una fórmula universal.
Hay parejas que prefieren tener una cuenta conjunta para los gastos del hogar y mantener cuentas individuales. Otras mezclan prácticamente todo su dinero. Y algunas prefieren mantener sus finanzas completamente separadas.
Lo importante no es copiar el modelo de otra pareja, sino acordar el propio.
Por ejemplo, una pareja puede decidir: Una cuenta común para vivienda, alimentación y servicios, vacaciones. Y una parte del ingreso que cada uno administra libremente.
No hay nada malo en que cada persona tenga cierta autonomía financiera. Lo importante es hablar de las decisiones que puedan afectar las finanzas o las metas que comparten.
¿Para qué estamos ahorrando?
Ahorrar sin propósito puede convertirse en una obligación. Ahorrar para algo cambia completamente la conversación.
Una pareja debería preguntarse: ¿Qué queremos conseguir juntos en uno, cinco o diez años?
Puede ser la cuota inicial de una vivienda, un viaje, la educación de los hijos, un emprendimiento, un fondo de emergencia.
Y aquí aparece algo muy poderoso: ponerle nombre al ahorro.
No es lo mismo decir “tenemos que ahorrar $500.000” que decir: “Cada mes vamos a ahorrar $500.000 para la cuota inicial de nuestra casa.”
¿Qué pasaría si uno de los dos deja de recibir ingresos?
Esta probablemente sea la conversación menos romántica de todas, pero también una de las más importantes.
¿Qué pasaría si uno pierde el empleo? ¿Si ocurre una emergencia familiar? ¿Si uno de los dos fallece?
Pensar en estos escenarios no significa ser pesimista. Significa proteger el proyecto que están construyendo.
Ahí entra el fondo de emergencia. Una forma sencilla de empezar es calcular cuánto necesita la pareja para cubrir sus gastos esenciales si durante un tiempo uno de los dos deja de recibir ingresos.
Si sus gastos básicos son $5 millones al mes, por ejemplo, $15 millones equivaldrían a tres meses de esos gastos. La cifra que cada pareja necesita dependerá de su estabilidad laboral, ingresos y personas a cargo.
¿Qué queremos proteger?
Como pareja también es indispensable empezar por definir qué queremos proteger: la vida, la salud, el patrimonio, los bienes o incluso una meta como la educación universitaria de nuestros hijos, y frente a qué riesgos queremos estar cubiertos.
Por ejemplo, si una persona aporta $3 millones de los $9 millones que recibe el hogar cada mes, vale la pena preguntarse qué pasaría con la vivienda, los hijos y las demás obligaciones si ese ingreso desapareciera. Protegerse también es una forma de cuidar las metas que se construyen juntos.
Una pareja no necesita pensar igual sobre el dinero. Necesita aprender a hablar de él. No cuando haya una deuda que pagar, sino cuando todavía están tranquilos, pensando en la vida que quieren construir.
Porque al final, hablar de dinero no es solamente hablar de plata. Es hablar de lo que queremos hacer con nuestra vida juntos.
Lidis Ribón Aislant
Editora de Economía en Noticias RCN. Creadora de Economía en Primera Persona, un videopodcast de conversaciones con líderes y empresarios en las que conocemos la persona detrás del cargo, cómo toman decisiones y cómo manejan su dinero.


