Amor, planes y plata: las conversaciones financieras que toda pareja debería  tener  

Esposos abrazados revisando sus finanzas en pareja

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Hablar de plata no debería ser una conversación que aparece solamente cuando  llega una deuda, falta dinero o hay una pelea. También debería ser una conversación  sobre sueños, tranquilidad y proyecto de vida. 

Hay parejas que pueden pasar horas hablando de a dónde quieren viajar, qué casa les  gustaría comprar o incluso cuántos hijos quieren tener, pero la última pregunta que se  hacen es: ¿cómo vamos a pagar todo eso? 

Un estudio de Johanna Peetz, Zoe Meloff y Courtney Royle de 2023 se centró en  resolver una pregunta: cuando las parejas pelean por dinero, ¿por qué pelean  realmente? Los investigadores encontraron que muchos de estos conflictos giran  principalmente alrededor de dos preocupaciones: justicia, ¿estamos aportando de  manera justa?, y responsabilidad, ¿estamos tomando decisiones financieras  responsables? 

Antes de llegar a esas discusiones, creo que una de las primeras preguntas que una  pareja debería hacerse es: ¿qué queremos lograr y cómo vamos a financiarlo? 

¿Cuánto entra, cuánto sale y cuánto debemos? 

Esta conversación es indispensable. Antes de hacer planes, una pareja debería saber  cuál es su realidad financiera: cuánto dinero entra cada mes, cuánto se va en gastos y  cuánto está comprometido en deudas y otras obligaciones. 

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Una forma sencilla de empezar es hacer una lista con los ingresos netos de cada uno,  los gastos habituales y las cuotas de los créditos que ya están pagando. Esto permite  saber cuánto dinero queda realmente disponible para ahorrar, invertir o asumir  nuevas obligaciones. 

Supongamos que Camila gana $5 millones y Andrés $4 millones. Entre los dos  reciben $9 millones al mes. Si sus gastos habituales son de $5 millones y además  pagan $2 millones en cuotas de créditos, en realidad solo tienen $2 millones  disponibles para otros objetivos. 

Conocer esa cifra cambia la conversación. Ya no se trata solamente de cuánto  ganamos, sino de cuánto de lo que ganamos está realmente disponible para construir  nuestros planes. 

¿Cómo vamos a repartir los gastos?

Aquí aparece una de las preguntas que más discusiones puede generar: ¿mitad y  mitad o proporcional a los ingresos? 

No existe una fórmula correcta. Si ambos ganan lo mismo, dividir algunos gastos  50/50 puede ser sencillo. 

Pero si una persona gana $5 millones y la otra $4 millones, exigir que cada una aporte  exactamente la mitad puede significar un esfuerzo completamente diferente. 

Por eso, más que buscar una división “perfectamente igual”, vale la pena buscar una  división que ambos consideren justa. 

Y también hablar de algo que muchas veces queda invisible: ¿quién administra las  cuentas?, ¿quién paga los servicios?, ¿quién hace las compras?, ¿quién se encarga  de los trámites? 

Porque administrar el dinero y pagar las cuentas también es trabajo. ¿Cuándo una decisión sobre mi dinero deja de ser solo mía?” 

La pregunta no es ¿tenemos que contarnos todo?. Es mucho más útil preguntarse:  ¿qué decisiones sobre mi dinero pueden afectar las metas que tenemos juntos? 

No se trata de controlar al otro, sino de conversar sobre decisiones que puedan  cambiar el presupuesto o los planes de ambos. Una deuda importante, un nuevo  crédito o una obligación familiar son ejemplos que vale la pena poner sobre la mesa. 

¿Vamos a tener todo en común o cada uno conservará su dinero?

Esta es otra conversación importante y no existe una fórmula universal. 

Hay parejas que prefieren tener una cuenta conjunta para los gastos del hogar y  mantener cuentas individuales. Otras mezclan prácticamente todo su dinero. Y  algunas prefieren mantener sus finanzas completamente separadas. 

Lo importante no es copiar el modelo de otra pareja, sino acordar el propio. 

Por ejemplo, una pareja puede decidir: Una cuenta común para vivienda,  alimentación y servicios, vacaciones. Y una parte del ingreso que cada uno  administra libremente. 

No hay nada malo en que cada persona tenga cierta autonomía financiera. Lo  importante es hablar de las decisiones que puedan afectar las finanzas o las metas  que comparten. 

¿Para qué estamos ahorrando?

Ahorrar sin propósito puede convertirse en una obligación. Ahorrar para algo cambia  completamente la conversación. 

Una pareja debería preguntarse: ¿Qué queremos conseguir juntos en uno, cinco o  diez años? 

Puede ser la cuota inicial de una vivienda, un viaje, la educación de los hijos, un  emprendimiento, un fondo de emergencia.  

Y aquí aparece algo muy poderoso: ponerle nombre al ahorro. 

No es lo mismo decir “tenemos que ahorrar $500.000” que decir: “Cada mes vamos a  ahorrar $500.000 para la cuota inicial de nuestra casa.” 

¿Qué pasaría si uno de los dos deja de recibir ingresos? 

Esta probablemente sea la conversación menos romántica de todas, pero también  una de las más importantes. 

¿Qué pasaría si uno pierde el empleo? ¿Si ocurre una emergencia familiar? ¿Si uno de  los dos fallece? 

Pensar en estos escenarios no significa ser pesimista. Significa proteger el proyecto  que están construyendo. 

Ahí entra el fondo de emergencia. Una forma sencilla de empezar es calcular cuánto  necesita la pareja para cubrir sus gastos esenciales si durante un tiempo uno de los  dos deja de recibir ingresos. 

Si sus gastos básicos son $5 millones al mes, por ejemplo, $15 millones equivaldrían  a tres meses de esos gastos. La cifra que cada pareja necesita dependerá de su  estabilidad laboral, ingresos y personas a cargo. 

¿Qué queremos proteger? 

Como pareja también es indispensable empezar por definir qué queremos proteger:  la vida, la salud, el patrimonio, los bienes o incluso una meta como la educación  universitaria de nuestros hijos, y frente a qué riesgos queremos estar cubiertos. 

Por ejemplo, si una persona aporta $3 millones de los $9 millones que recibe el hogar  cada mes, vale la pena preguntarse qué pasaría con la vivienda, los hijos y las demás  obligaciones si ese ingreso desapareciera. Protegerse también es una forma de cuidar las metas que se construyen juntos. 

Una pareja no necesita pensar igual sobre el dinero. Necesita aprender a hablar de él.  No cuando haya una deuda que pagar, sino cuando todavía están tranquilos,  pensando en la vida que quieren construir. 

Porque al final, hablar de dinero no es solamente hablar de plata. Es hablar de lo que  queremos hacer con nuestra vida juntos. 

Sobre la autora

Lidis Ribón Aislant

Periodista económica

Editora de Economía en Noticias RCN. Creadora de Economía en Primera Persona, un videopodcast de conversaciones con líderes y empresarios en las que conocemos la persona detrás del cargo, cómo toman decisiones y cómo manejan su dinero.

Lidis Ribón Aislant

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