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El cuerpo también participa en lo que sientes. Conoce cómo la actividad física, el agua y otras herramientas pueden ayudar a afrontar las crisis emocionales y a fortalecer el bienestar emocional.
A veces puede parecer que las emociones ocurren solo en la mente, pero el cuerpo y la salud mental están profundamente conectados. Después de vivir momentos de estrés, pérdidas o situaciones difíciles, el cuerpo también puede expresar lo que estás atravesando a través de señales como cansancio constante, tensión muscular, alteraciones del sueño o una sensación de alerta permanente.
Cuando atraviesas una crisis emocional, no solo necesitas comprender lo que sientes; también puede ser importante volver a conectar con el cuerpo y encontrar herramientas que ayuden a recuperar el equilibrio. Actividades como la respiración consciente, la natación o el contacto con el agua pueden convertirse en espacios de regulación emocional.
Esta relación entre cuerpo, emociones y transformación también se refleja en la película La cronología del agua, que aborda la memoria, el cambio y la capacidad de reconstruirse después de experiencias dolorosas. Su metáfora del agua sirve como punto de partida para reflexionar sobre cómo, incluso después de momentos complejos, pueden encontrarse nuevas formas de avanzar.
¿Cómo se relacionan el cuerpo y la salud mental?
Cuando atraviesas una experiencia difícil, como una crisis emocional o una situación traumática, no solo se ven afectadas las emociones y los pensamientos; el cuerpo también participa en esa respuesta. El estrés y las experiencias intensas pueden generar cambios físicos que reflejan la forma en que el organismo intenta adaptarse a lo ocurrido.
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Leer artículoComo explica la psicóloga Angela Carrero, “desde la psicología y las neurociencias se entiende que las experiencias emocionales no se viven únicamente a nivel cognitivo”. Cuando una persona enfrenta una situación traumática o altamente estresante, el sistema nervioso se activa como una respuesta de supervivencia, lo que puede generar manifestaciones físicas como:
- Tensión muscular.
- Alteraciones del sueño.
- Dificultad para respirar profundamente.
- Sensación de cansancio constante.
- Hipervigilancia o estado de alerta.
Por esta razón, durante los procesos de recuperación emocional no basta con comprender racionalmente lo ocurrido. También es importante ayudar al cuerpo a recuperar sensaciones de seguridad, calma y equilibrio.
El agua como símbolo de calma y conexión emocional

El agua se ha asociado con la transformación, la renovación y la capacidad de adaptarse a los cambios. Esta idea también aparece en La cronología del agua, donde este elemento funciona como una metáfora del movimiento, la memoria y la posibilidad de reconstruirse después de experiencias difíciles.
Más allá de su significado simbólico, el contacto con el agua puede relacionarse con sensaciones de calma y conexión con el presente. Escuchar su sonido, observar su movimiento o sumergirse en ella puede favorecer momentos de relajación.
Angela Carrero señala que “el agua suele asociarse con la calma, la fluidez y la claridad emocional”. Además, desde una perspectiva fisiológica, estas experiencias sensoriales pueden favorecer estados de relajación y disminuir la activación del sistema nervioso.
El agua puede representar:
- Contención: una sensación de sostén y seguridad en momentos de dificultad emocional.
- Movimiento: la posibilidad de avanzar y adaptarse a los cambios.
- Conexión: volver a prestar atención al cuerpo y al momento presente.
Asimismo, André Didyme-Dôme, periodista y editor de cine y series para Rolling Stone en español, explica que “el agua tiene una carga simbólica relacionada con experiencias tempranas de protección y cuidado. La sensación de estar sostenido dentro del agua puede conectar con estados de tranquilidad; por eso muchas personas encuentran bienestar al estar cerca del mar, un río o una piscina”.
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Movimiento y regulación emocional
El cuerpo no solo expresa lo que ocurre a nivel emocional; también puede convertirse en una vía para recuperar equilibrio y bienestar. A través del movimiento, es posible generar espacios de conexión con uno mismo, disminuir la tensión acumulada y fortalecer recursos para afrontar momentos de estrés o dificultad.
“La actividad física ocupa un lugar importante dentro de las herramientas de supervivencia emocional, porque ayuda a regular la activación fisiológica del organismo y facilita el manejo de la tensión, el estrés y la preocupación”, resalta Angela Carrero.
Actividades como caminar, nadar, practicar yoga, bailar o realizar ejercicio moderado pueden favorecer:
- Regulación del estrés: ayuda al organismo a disminuir estados de alta activación.
- Conexión con el presente: permite llevar la atención al cuerpo y a las sensaciones del momento.
- Bienestar emocional: favorece la liberación de neurotransmisores asociados al bienestar, como la serotonina.
En el caso de la natación, el agua añade un elemento adicional: la combinación entre respiración, movimiento y sensación de flotación puede convertirse en una experiencia de calma y presencia. Poner atención al ritmo de los movimientos y de la respiración puede ayudar a crear un espacio de pausa frente a pensamientos repetitivos o emociones intensas.
Sin embargo, no se trata de utilizar el ejercicio para evitar sentir o escapar de las emociones difíciles. Más bien, puede convertirse en una herramienta que ayude a procesarlas de una manera más saludable y a recuperar una relación más consciente con el cuerpo.
La película La cronología del agua pone en el centro la experiencia del cuerpo, la memoria y la transformación emocional. Desde su dimensión simbólica, conecta con preguntas sobre cómo las personas atraviesan el dolor y encuentran nuevas formas de reconstruirse.
Herramientas de supervivencia emocional para afrontar momentos difíciles
Atravesar una crisis emocional no significa hacerlo sin recursos. Existen herramientas que pueden desarrollarse para manejar el estrés, la incertidumbre o el malestar sin sentirse completamente desbordado.
Angela Carrero advierte que “estas herramientas hacen parte de las habilidades de afrontamiento y regulación emocional que permiten responder de manera más consciente ante situaciones difíciles. No se trata de eliminar el malestar, sino de aprender a transitarlo sin que controle tus decisiones o tu conducta”.
Entre estas herramientas se encuentran:
- Identificar lo que sientes: poner nombre a las emociones ayuda a comprenderlas mejor.
- Técnicas de respiración: ayudan a disminuir la activación del cuerpo en momentos de ansiedad o estrés.
- Autocuidado básico: dormir bien, alimentarse adecuadamente y mantener actividad física.
- Red de apoyo: hablar con personas de confianza o buscar acompañamiento profesional.
- Aceptar las emociones: permitirse sentir sin juzgarte ni reprimir lo que ocurre.
Para André Didyme-Dôme, “estas herramientas no se reducen a un solo tipo de práctica. Pueden surgir del arte, la escritura, el humor, los vínculos afectivos o la actividad física, y funcionan como recursos que ayudan a ampliar el repertorio para enfrentar la adversidad sin quedar desbordado”.
El bienestar emocional no se construye solo desde lo que se piensa, sino también desde lo que se hace con el cuerpo. Reconocer sus señales, darle espacios de descanso y apoyarse en recursos como el movimiento, la respiración o los vínculos cercanos puede ser importante cuando se atraviesan momentos difíciles. Al final, se trata de aprender a acompañarse con más conciencia, sin exigirse dejar de sentir, sino sabiendo cómo sostener lo que se siente mientras se sigue avanzando.
La película La cronología del agua también propone una mirada simbólica sobre esta relación entre cuerpo, memoria y reconstrucción emocional.
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