De atender 600 a 350.000 estudiantes: así ha evolucionado la alimentación escolar en Bogotá en los últimos 22 años

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La alimentación escolar es uno de los componentes de las políticas públicas que contribuyen a favorecer el acceso, la permanencia y las condiciones de aprendizaje de los estudiantes de las diferentes instituciones educativas del país.

Particularmente en Bogotá, este servicio ha evolucionado durante más de dos décadas para responder a las necesidades de una ciudad diversa y de una población escolar que hoy alcanza cerca de 350.000 beneficiarios, convirtiéndose en un modelo de referencia a nivel nacional. 

Un actor destacado en todo este proceso ha sido Compensar, que lleva 22 años como operador del Programa de Alimentación Escolar en Bogotá (PAE). Su participación en este convenio de asociación se concentra en el Servicio Integral de Desayunos y Almuerzos Escolares (SIDAE), que incluye la prestación del servicio de comida caliente en 238 comedores y comida caliente transportada, por medio del cual se busca asegurar el alimento en instituciones que no cuentan con la infraestructura de comedor escolar. 

Para la entidad, más de dos décadas de trabajo representan la evolución de una alianza que ha permitido ajustar el modelo a las necesidades de la ciudad. El recorrido comenzó en el año 2004 con la atención de cerca de 600 estudiantes del Colegio Rodrigo Lara Bonilla. Hoy, llega a 580 instituciones y hace presencia en las 20 localidades de Bogotá, con un total aproximado de 350.000 beneficiados.

“Ha sido un reto importante y una satisfacción enorme. Estos 22 años han sido posibles gracias a la construcción colectiva con la Secretaría de Educación del Distrito. Actualmente, la operación beneficia a 580 sedes educativas diariamente y entrega alrededor de 350.000 servicios entre desayunos, almuerzos y complementos nutricionales”, afirmó Claudia Rodríguez, coordinadora del programa por parte de Compensar.

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Este programa también es un importante generador de empleo. Más de 3.800 colaboradores de Compensar están vinculados de manera directa en diferentes procesos, con el fin de asegurar que los alimentos lleguen con las características de sabor, temperatura y calidad a cada uno de los estudiantes. 

La cobertura también incorpora realidades diferentes dentro de la capital del país. Un ejemplo es Sumapaz, la localidad más grande de Bogotá y con una connotación 100% rural, donde se atienden alrededor de 600

 estudiantes con desayuno y almuerzo. Allí Compensar tiene 23 comedores en instituciones educativas muy distintas, desde colegios con cinco estudiantes hasta otros que atienden a 250. 

La calidad en el centro

Garantizar que cada ración llegue en las condiciones adecuadas implica una serie de retos logísticos. Detrás de cada servicio existe un proceso de planeación, seguimiento, verificación y entrega. Uno de los principales desafíos consiste en cumplir de manera simultánea el ciclo de menús establecido por la Secretaría de Educación del Distrito en más de 238 comedores y puntos de atención. A esto se suman los requerimientos propios de una operación de alto volumen.

“Tenemos estándares técnicos, como tiempo y temperaturas, que no son negociables. Siempre debemos estar dispuestos a buscar la forma de hacer las cosas, resolver y contar con los aliados necesarios para lograrlo”, expresó Rodríguez.

La cadena de abastecimiento también es determinante. La operación cuenta con más de 100 proveedores de materias primas, cuyas compras ascienden a 1.500 toneladas de alimentos en promedio cada mes. 

El modelo también ha tenido que responder a las particularidades de las instituciones que no cuentan con infraestructura suficiente para preparar los alimentos. De los 238 comedores, 70 están adecuados para garantizar una producción adicional y el posterior transporte hacia sedes que no cuentan con comedor. Y, precisamente, ese es uno de los hitos más representativos de estos 22 años: la implementación del servicio de comida caliente transportada, apoyada, además, en una planta centralizada desde la que actualmente salen alrededor de 18.000 servicios de almuerzo cada día.

Esta apuesta por la innovación permanente también permitió, desde el año pasado, llevar cenas a población escolarizada de la jornada nocturna. “Esta alternativa ha tenido una gran acogida entre estudiantes de diferentes edades, incluidos jóvenes y personas mayores”, añadió Rodríguez.

Alimentación que se traduce en bienestar 

El Programa de Alimentación Escolar de Bogotá trasciende la entrega diaria de raciones nutricionales. “Cuando se creó, uno de sus objetivos centrales era contribuir al acceso y la permanencia de los estudiantes en el sistema educativo. Hoy, este propósito se ha ampliado hacia tres grandes objetivos: favorecer la cobertura, contribuir al acceso a una educación de calidad y garantizar una alimentación sana, segura y disponible para los estudiantes”, aseguró Rodríguez.

Desde esta perspectiva, la alimentación escolar se convierte en un componente de una red más amplia de bienestar. Para Compensar, esta visión se relaciona con su concepto de plataforma de bienestar integral, entendida no solo como la prestación de servicios, sino como la articulación de redes para responder a las necesidades de diferentes comunidades.

Una evidencia de ello es la incorporación al programa de los componentes pedagógico, nutricional y ambiental buscando promover una buena alimentación y fortalecer hábitos de vida saludables en estudiantes, padres de familia y docentes, a través de actividades lúdicas y espacios formativos diseñados para cada uno de los ciclos educativos, con el fin de proporcionar una oferta integral que apoye el crecimiento y desarrollo de los estudiantes. 

De acuerdo con Claudia Rodríguez, la integración de la perspectiva pedagógica como eje transversal del servicio ha permitido ayudar a consolidar prácticas informadas y sostenibles en el hogar, la escuela y la comunidad, además de contribuir al fortalecimiento de la Política Pública de Seguridad Alimentaria entre los beneficiarios del Programa de Alimentación Escolar de Bogotá.

Compensar destaca que el éxito de la alianza ha sido la confianza construida entre las instituciones. A esto se une la relación con los proveedores y las ganas de derribar los obstáculos que se presentan en el camino. “Para nosotros, el éxito ha sido la voluntad de las partes, de querer hacer, apostar y confiar como aliados que somos. Esa voluntad permite construir, resolver y llegarles a los estudiantes con un servicio de alimentación de la mejor calidad”, concluyó Rodríguez.

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