Enfermera sonriendo con una carpeta en la mano

Conoce la historia de Diana Lily Leguizamón,  enfermera desde hace 17 años, quien al igual que muchos profesionales de la salud, enfrenta a diario retos, así como experiencias gratificantes.

Diana Lily siempre ha sentido una vocación por ayudar a los demás y esa disposición de servicio fue la que la llevó a convertirse en enfermera, profesión que siempre ha asumido con una actitud amorosa y compasiva, pues como ella afirma “ese paciente que estoy atendiendo puedo ser yo o alguno de mis familiares”.

Cuando recién se empieza a ejercer esta profesión, los fluidos o la sangre pueden llegar a ser impactantes, pero como ella afirma “esto pasa a un segundo plano porque hace parte del proceso de aprendizaje y con el transcurso del tiempo vas aprendiendo que, además de prepararte profesionalmente, se requiere vocación y amor por la profesión”. Y esto lo reafirma cada vez que vive experiencias en las que comprende que una enfermera no solo cuida al paciente físicamente, sino emocional y espiritualmente.

“En los primeros años de mi carrera tuve un paciente, a quien por su estado de salud, le diagnosticaron en fase terminal. Cuando pasó esto, se me acercó una auxiliar de enfermería y me expresó: ‘el paciente ya se quiere ir’. Fuimos donde él estaba, ella le cogió sus manos, me miró y me dijo: jefe, usted en su carrera siempre tiene que ser una persona compasiva y susceptible al dolor de los demás”. En ese momento la auxiliar empezó a orar y le expresaba que, si ya se quería ir a descansar, lo hiciera tranquilo; nosotros estamos aquí para ayudarle. Si usted hizo cosas que considera no estuvieron bien, tranquilo. Dios lo perdona, váyase en paz. El paciente, quien estaba inconsciente, empezó a llorar y de un momento a otro suspiró y murió”.

Con esta experiencia Diana Lily entendió que una enfermera debe ser sensible y abierta a la necesidad emocional del paciente. “A pesar de que yo tengo un carácter fuerte, soy muy querida con mis pacientes, los trato bien y los animo a hacer cambios saludables para su vida”. Y esto es lo que ha tratado de hacer a lo largo de su carrera, en la que ha ejercido su labor en salas de parto, unidad neonatal, urgencias y turnos de noche, que pueden llegar a durar más de 24 horas.

Pero algo realmente desafiante y que reafirma el amor por su profesión, es haber tenido que trabajar sin recibir ninguna remuneración, pues una de las entidades en las que laboró antes de entrar a Compensar, entró en crisis financiera y no recibió salario por su trabajo durante algunos meses. “Aunque esto te puede afectar, algo que siempre he tenido claro es que el paciente no tiene la culpa. Entonces yo me podía desmotivar en mi casa pero no en el trabajo porque los pacientes me necesitaban y hay que ejercer esta profesión con amor y ver esto como un aprendizaje”.

Hoy en día Diana trabaja en Compensar Salud, entidad en la que se desempeña como jefe asistencial de consulta externa en la sede de Compensar del Acueducto. Allí cuenta con un gran equipo de trabajo con el que busca promover buenos hábitos de salud para prevenir enfermedades crónicas y hacerle frente a problemas de salud pública como el Covid-19.

Y es que al igual que muchas personas, Diana, en medio de la pandemia, ha sentido miedo de contagiarse o contagiar a su familia, por eso, resalta la labor que realizan sus compañeros y demás colegas. “Algunos de nosotros podríamos dedicarnos a otra cosa, pero preferimos la vocación porque nos gusta lo que hacemos: estar en contacto con la gente y ayudarlos”.

Por eso, todos los días, Diana Lily sigue levantándose con el propósito  de servir y ayudar a quien lo necesite, no solo a sus pacientes, sino también a sus compañeros de trabajo y a su familia porque como ella afirma “al final es hacer las cosas con amor, tratar bien a los demás para  brindar un servicio”.