Lecciones de vida, libro de Álvaro Cadavid

Álvaro Cadavid es un hombre inteligente, carismático y un buen conversador y tal vez, sin proponérselo, estas características han influido para que, en sus más de 50 años de experiencia profesional, lo sigan llamando compañeros de trabajo, clientes, altos ejecutivos y recién graduados para pedirle ayuda profesional. Hoy puedes recibir sus consejos empresariales y de vida plasmados en su libro: Lecciones de vida. Lo que aprendí, y además, apoyar a la Fundación Niño Jesús, entidad con 60 años de trayectoria, que trabaja por niños, niñas y personas mayores en condición de vulnerabilidad de Bogotá y sus alrededores, pues las utilidades por la venta del libro serán donadas en su totalidad a la fundación.   

En Revista Compensar conversamos con Álvaro, quien nació en Bogotá, se graduó de high school en Nueva York, estudió Economía en Etiopía, España y México, y tiene B.A. y licenciatura en Economía de la Universidad de Las Américas en México. Realizó parte del MBA con IE, Madrid. Ha sido ejecutivo y consultor y hoy se considera un filántropo social, una persona que dedica su tiempo a realizar actividades que aporten al crecimiento de la sociedad. 

En el libro te describes cómo una persona a la que le encanta hacerle favores a la gente. ¿De dónde crees que nace ese impulso por ayudar, por qué forma parte de tu ADN?

Ayudar es una vocación que tengo desde chiquito. Me he dado cuenta que ayudar es un subproducto o resultado de conectar. Yo soy un conector, cuando conozco a una persona inmediatamente pienso a quién le puedo presentar o con quién la puedo vincular.

Un día reflexionando, me pregunté: ¿qué me produce satisfacción? A lo que concluía que me complacía haberle ayudado a un cliente a conseguirle un presidente para su compañía, pero lo que más me generaba gratificación era saber que esa persona la ayude a buscar un mejor futuro. Comprendí que mi interacción no era tanto de negocios,  sino que las personas me buscaban para pedirme consejos más allá del oficio. A partir de esto creé el concepto: filantropía social.

Y es que cuando el teléfono suena no puedes ser tan desagradecido de no contestar.  Actualmente estoy en la junta directiva de 7 entidades o fundaciones con carácter social, me dedico tres o cuatro horas al día a hablar con gente que me llama a pedirme un favor: Álvaro, ¿qué es lo mejor para mí, cómo manejar una entrevista, cómo estructurar mi hoja de vida? Lo más me sorprende es que me buscan jóvenes de 27 años, quienes apenas están iniciando la vida laboral. Eso es muy gratificante para mí y lo hago porque quiero y lo puedo hacer. Entonces, finalmente el libro es una recopilación de esos consejos.

2.  ¿Qué consejos nos puedes dar para conciliar nuestra vida laboral con la familiar, cómo disfrutar la vida?

Hay un apartado del libro en el cual describo una situación en la que una señora se me acercó y me dijo: ¡Álvaro usted es un buen papá! Yo le contesté: ¿por qué? Llevamos seis horas juntos y tú has mencionado mucho a tus hijos pero además has dicho que tienes dos hijos cocineros, una hija que también hace filantropía social y un deportista. Yo reflexioné y dije, sí. Mi abuelo no estudió lo que quería porque en ese momento existía una presión social; mi papá fue más liberal conmigo, él me puso la condición que tenía que estudiar pero nunca me dijo qué, entonces estudié lo que quise. Mis hijos no tuvieron esa presión de ser universitarios, en cambio, les enfatice en dedicarse a sus gustos. Entonces es ahí cuando me devuelvo uno años atrás y recuerdo que mis papás nos enseñaron a mí y a mis hermanos que lo importante es ser y hacer, no tener ni poseer.

Volviendo a esa conversación con la señora, hoy lo importante para un padre es lograr que su hijo sea feliz, que busque su felicidad.

La pandemia ha producido en mí un reconocimiento que para mucha gente ha sido una epifanía o un descubrimiento: agradecer lo que soy, lo que tengo, salud, techo, cama donde dormir, hijos sanos y un sanísimo desprendimiento. Cuando llegué junto con mi esposa y mi hijo a Colombia en 1970, porque yo vivía en Méjico, nos vinimos en un barco, llegamos a Cartagena y mandamos todo nuestro patrimonio a Bogotá, pero se lo robaron y el seguro no respondió  lo que equivalía.  Descubrí que me quedé en la calle y no me morí.

Después, empecé a trabajar en la 36 con 7, yo no tenía plata entonces me iba caminando desde la 74, que era donde vivía y en el transcurso del recorrido miraba si, de pronto, pasaba un amigo que me recogía, pocas veces ocurría. El caso es que yo trabajaba muy duro, llegaba a las 6:15 a.m. y  no me iba tan tarde sino a la luz del día para hacer tareas con los niños. Cuando salía de vacaciones, ya en la época de los computadores, me despertaba temprano, así cuando mis hijos se despertaban  yo ya había hecho mi trabajo y estaba disponible para mi familia. Yo no conseguía un trabajo para producir dinero sino para brindarles bienestar a mis hijos, pero no sólo económico sino era darles un papá.

Hay que tener en cuenta que yo salí de Bogotá a los 5 años y regresé a los 23. Esos 18 años de formación fueron en otras partes del mundo. Entonces, imagínate una familia con tres niños que llegan a lugares que no conocen. La familia se encapsula. Eso puede explicar por qué estoy muy orientado a ella, es mi entorno.

3. ¿Alguna vez soñaste con escribir este libro?

Sí y no. Cuando tenía como 8 o 10 años recuerdo que miré hacía el cielo y me pregunté: qué tal si el hombre llega a la luna, en ese momento era un qué tal, ya hoy uno sabe que es posible. Lo mismo con la expectativa de vida, hoy uno puede llegar a los 80 o los 90, pero en mi época era un qué tal. Esto lo menciono porque hace unos 12 años empecé a coquetear con la idea de escribir un anecdotario de mi vida como consultor. Cuando conocí a Fiorella, mi esposa, me dijo que parte de lo que le había cautivado de mí era que ella estaba saliendo con un señor que iba a ser autor, ella le dio a eso importancia.

Y hace como un año y medio, antes de la pandemia, estaba limpiando mi computador y  me dije: lo hago o lo borro y me decidí por lo primero y eso que iba a ser un anecdotario resultó siendo un libro de consejos.

4. ¿Para quién es este libro?

El libro es una miscelánea de pueblo que tiene un poquito de cada cosa para una persona que es profesional. Está orientado a profesionales que están terminando la carrera, a ejecutivos y a gerentes,  quienes buscan consejos de vida.

5. ¿Por qué vas a donar las utilidades generadas por la compra de este libro a la Fundación Niño Jesús?

En una época existía una asociación de exempleados de Compensar, hoy concentrados en la Fundación Niño Jesús. Las señoras que pertenecían a esta asociación estaban construyendo una guardería en Cazucá y llegaron a mí, me buscaron para que las ayudara, no por dinero sino por conexiones. Los proyectos de la Fundación son  maravillosos y en sus 60 años de trayectoria han beneficiado a más de 80 mil niños, niñas y personas mayores de Bogotá y Cundinamarca y con mi libre, quise hacer parte de esa ayuda.

No escribí el libro con ninguna idea comercial, sino porque era una manera de entretenerme. Para mí es muy gratificante que una persona que ha vivido y tiene algo que contar pueda ver que sus enseñanzas y consejos profesionales pasen por los ojos y las manos de muchas personas. Qué orgullo para mis hijos decir que este texto le va a llegar a más personas, porque inicialmente pensaba mandar a imprimir unas 50 copias y repartírselo a ellos.

Por eso si eres un recién graduado, ejecutivo, empresario, miembro de una junta directiva   o simplemente al leer esta entrevista, sentiste curiosidad y quieres leer este libro o regalárselo a alguien que estás seguro le ayudará en su vida profesional y laboral no dudes en comprarlo en el siguiente enlace: https://alvarocadavid.clynk.me/vGFH0FSI.