¿Por qué la ética se volvió clave para el crecimiento empresarial?

Representación de ética empresarial y transparencia mediante un apretón de manos profesional en un entorno corporativo.

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De acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2025 de Transparencia Internacional —que evalúa 182 países y territorios según la percepción de corrupción en el sector público—, Colombia ocupó el puesto 99 con una calificación de 37 sobre 100. El resultado representa una caída de siete posiciones frente al año anterior y mantiene al país por debajo del umbral de 50 puntos, nivel que el organismo asocia con problemas graves de corrupción.

El resultado refleja el entorno en el que hoy operan las empresas colombianas: un escenario donde la confianza es cada vez más difícil de construir y sostener. Los escándalos éticos, tanto locales como internacionales, han debilitado la credibilidad institucional y elevado las exigencias de inversionistas, clientes y colaboradores, quienes demandan mayor coherencia, integridad y transparencia por parte de las organizaciones con las que se relacionan.

En este contexto, la confianza dejó de ser únicamente un atributo reputacional para convertirse en un activo estratégico intangible que sostiene la operación y la sostenibilidad de las compañías. Y, según expertos en la materia, su construcción depende de dos pilares inseparables: la ética y la transparencia.

Para Faisuly Rodríguez Pérez, gerente de Riesgo Corporativo y Cumplimiento de Compensar, “la ética define lo que hacemos y la transparencia cómo lo mostramos. Son dos conceptos que no pueden operar por separado, porque la coherencia entre ambos es la que construye credibilidad y fortalece la confianza con los grupos de interés”.

Más allá del componente reputacional, promover una cultura de ética y transparencia también impacta los resultados de negocio. De acuerdo con Ethisphere, organización global especializada en estándares de ética empresarial, las compañías reconocidas por sus buenas prácticas superaron a sus pares en desempeño bursátil en un 8,2 % durante los últimos cinco años.

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“La ética y la transparencia no son un costo ni un acto de buena voluntad. En nuestro caso, son dos palancas que garantizan que afiliados, clientes, colaboradores y aliados quieran mantenerse con nosotros. La confianza construida sobre estos pilares es el verdadero motor de la competitividad”, añadió Rodríguez.

En línea con esta visión, Compensar —reconocida entre las once empresas colombianas con mejores prácticas en transparencia, integridad, ética y anticorrupción, según la más reciente Medición de Gestión Empresarial de Riesgos de Corrupción (MGERC) 2025 de Transparencia por Colombia— considera que la sostenibilidad empresarial y la generación de valor solo son posibles cuando las relaciones se construyen desde la credibilidad, la coherencia y la confianza.

De acuerdo con Rodríguez, para avanzar en este propósito, las organizaciones deben enfocarse en tres elementos clave. El primero es el liderazgo desde la alta dirección, entendiendo que la ética se modela y no se decreta. Esto implica que directivos y líderes sean los primeros en cumplir las políticas internas, declarar posibles conflictos de interés y someterse a los controles establecidos.

El segundo factor es contar con marcos normativos actualizados y aplicables, que incluyan códigos de ética y conducta, políticas anticorrupción, canales de denuncia con protección al denunciante y procesos de debida diligencia que trasciendan el papel y se integren a la operación diaria de la organización.

El tercero consiste en consolidar una cultura organizacional respaldada por procesos permanentes de formación, comunicación y apropiación de principios éticos en todos los niveles de la compañía.

De la cultura ética a los resultados

En línea con este enfoque, Compensar cuenta con un Programa de Ética y Transparencia orientado a prevenir, identificar y corregir situaciones inusuales, conductas inapropiadas o posibles incumplimientos por parte de colaboradores y terceros vinculados a la organización.

Los resultados evidencian el nivel de apropiación de esta estrategia dentro de la compañía. Al cierre de 2025, el 98% de los colaboradores había firmado una carta de compromiso ético individual y el 99% de las declaraciones de conflictos de interés y relaciones de parentesco fueron gestionadas, lo que corresponde a cerca de 14.000 colaboradores. 

De igual forma, el 100% de los casos recibidos a través de los canales de denuncia fueron atendidos e investigados, mientras que el programa alcanzó un cumplimiento del 92 % en las actividades definidas para su ejecución. A esto se suma un avance del 87% en procesos de debida diligencia aplicados a colaboradores en cargos críticos y un 80% de aprobación en el curso de ética e integridad, un programa de formación que también fue extendida a proveedores.

En total, el programa de Ética y Transparencia tiene alcance a más de 17.800 personas, entre colaboradores y proveedores activos en las regiones donde opera Compensar, especialmente en Cundinamarca.

¿Cómo construir confianza en tiempos de IA?

La acelerada adopción de herramientas de inteligencia artificial abrió un nuevo desafío para las organizaciones: garantizar que estas tecnologías operen bajo los mismos principios éticos y de transparencia que orientan el resto de la compañía. El reto cobra aún más relevancia en un contexto donde el avance tecnológico ocurre, en muchos casos, más rápido que los marcos regulatorios y de supervisión.

Para Faisuly Rodríguez Pérez existe una premisa fundamental: la tecnología amplifica la cultura empresarial existente. “Si una organización tiene una cultura ética sólida, la inteligencia artificial se convierte en una palanca de desarrollo. Pero, si no existen principios claros, la tecnología también puede amplificar riesgos”, explicó.

Bajo esta visión, la organización ha definido principios de actuación orientados a garantizar un uso responsable de la inteligencia artificial, incluyendo políticas sobre qué procesos pueden automatizarse y cuáles requieren supervisión humana.

“También informamos a los grupos de interés cuando interactúan con sistemas automatizados. La información de nuestros afiliados es un activo absolutamente valioso y, por tanto, no puede convertirse en un insumo opaco dentro de un modelo”, señaló Rodríguez.

A estos lineamientos se suman principios relacionados con la equidad y la no discriminación, buscando evitar que los modelos reproduzcan sesgos que afecten a poblaciones vulnerables. Asimismo, la compañía trabaja bajo criterios de trazabilidad y auditabilidad, de manera que los procesos automatizados puedan explicarse, revisarse y ajustarse de forma permanente.

La ética como ventaja competitiva

Construir una cultura ética y transparente no es un desafío exclusivo de las grandes compañías. En un entorno empresarial cada vez más expuesto al escrutinio público, cualquier organización —sin importar su tamaño o sector— puede verse afectada por riesgos de corrupción, conflictos de interés o prácticas que comprometan su reputación.

Y precisamente allí radica uno de los principales aprendizajes para el empresariado: el costo reputacional de un solo hecho puede ser mucho mayor que la inversión necesaria para prevenirlo.

En un contexto donde la confianza se ha convertido en un activo estratégico, fortalecer prácticas de integridad ya no responde únicamente a criterios de cumplimiento normativo. También representa una decisión de sostenibilidad y competitividad empresarial, capaz de impactar la fidelización de clientes, la atracción de talento, la relación con inversionistas y la construcción de alianzas de largo plazo.

“Hoy Colombia necesita, más que nunca, que el empresariado lidere esta transformación. Cada decisión ética que toma una empresa contribuye a elevar los estándares del entorno empresarial y social. Si avanzamos juntos, no solo construiremos compañías más confiables, sino también un país más confiable”, concluyó Faisuly Rodríguez Pérez, gerente de Riesgo Corporativo y Cumplimiento de Compensar. 

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