Queremos presentarte a Lilian, una profesional reflejo del coraje de las mujeres colombianas que deciden asumir el reto de montar empresa y ser mamá a la vez.

Lilian Simbaqueba, bogotana e hija de una pareja de origen campesino que decidió venir a la capital en búsqueda mejores oportunidades. Luego de graduarse becada del Colegio Andino, en 1986 decidió emprender una gran aventura al decidir estudiar ingeniería de sistemas especializada en gerencia en la Universidad de Konstanz en Alemania.

Con escasos 20 años y en medio de una nueva cultura y aprendizajes conoció a Rainer, quien más adelante se volvería no solo su socio sino su compañero de vida. Luego de graduarse, decidieron seguir juntos en tierras germanas para adquirir experiencia laboral y ahorrar. Logró entonces vincularse a una multinacional en la que aprendió a hacer análisis de información y modelos para pronosticar los riesgos de un crédito, temas que en Colombia eran todavía muy incipientes en aquel entonces.

A pesar de lograr vencer la discriminación del mercado alemán a los extranjeros y de la excelente remuneración que recibía por su trabajo, ella descubrió que lo que quería era regresar a su patria a crear empresa con el conocimiento y la experiencia adquirida. Tras ella también vino Rainer e incluso, más adelante, sus suegros.

La clave: ser los pioneros

En asociación con su padre, su hermana menor y Rainer, Lilian decide en 1996 constituir Lisim o “Lilian Simbaqueba Ltda”, la primera empresa latinoamericana en crear un modelo matemático de análisis de riesgo para microfinanzas. Paralelamente, se encontraba haciendo un MBA en la Universidad de los Andes y fue allí que consiguió, por medio de uno de sus grandes maestros, su primer cliente: Bancafé.

Al ser Lisim la única empresa en ofrecer consultarías en toma de decisiones financieras con alto grado de incertidumbre, su clientela empezó a multiplicarse rápidamente no solo en Colombia sino en otros países del mundo. Empezaron en Perú, Bolivia, Ecuador y Centroamérica y, apalancados por el Banco Mundial, lograron llegar a la India, Bangladesh y otros 23 países de Asia, África y Europa del Este. Gracias a esta impresionante capacidad de llevar sus servicios fuera del país, fueron ganadores del premio de Exportación de Servicios de Analdex.

Sin embargo, en 2008 se unieron a Endeavor y descubrieron que todavía eran una empresa muy pequeña para tener tan amplia cobertura así que decidieron enfocarse en Colombia y conservar algunos negocios en Ecuador, Perú y Centroamérica. Aunque fue un difícil aprendizaje, lograron crecer y consolidarse aún más.

El poder de Dios

Aunque la empresa y los negocios iban en aumento, Lilian aún no lograba su más grande sueño: ser mamá. Desde 1995 tenia un cuadernito en el que le rogaba a Dios que le diera la posibilidad de ser madre y, aunque la respuesta a sus misivas tardó más de 15 años en llegar, nunca perdió su fe en aquel que ya la había salvado de fallecer por una peritonitis.

En 2005, cuando Lilian tenía 39 años, la alegría del nacimiento de su hijo Philip también llegó acompañada de diabetes gestacional y preeclampsia, lo que los llevó a los dos a cuidados intensivos por varios días. Sin embargo, la gracia de Dios los acompañó de nuevo y ambos salieron victoriosos.

Acoplar su agitada vida de empresaria a su nuevo rol de madre fue un gran reto, por lo que debió dedicarse a su hijo en el día y a Lisim en las noches. Fue un tiempo complicado en el que ella se agotó y en el que el rendimiento de la compañía también se vio muy afectado.

En búsqueda de soluciones descubrieron de la mano con Endeavor que la operación de Lisim estaba muy concentrada en Lilian, por lo que emprendieron un proyecto que se llamó la ‘Deslilianización de Lisim’. Con esta iniciativa no solo lograron distribuir cargas y brindarle mayor autonomía a la compañía sino también permitirle a ella compartir tiempo de calidad con Philip.

“El trabajo puede convertirse en una maquinaria maligna y destructora si perdemos la calidad de nuestra vida espiritual y destruimos la relación con los seres que amamos.”

Actualmente, Lisim es una compañía que vende 3 millones de dólares al año y que busca con sus más de 50 colaboradores no solo seguir construyendo una empresa sólida sino una gran familia.

Las mujeres empresarias

Para Lilian, su mayor felicidad es ser mamá y considera que todo su esfuerzo y sacrificio ha valido la pena, pues su hijo ha tenido todo el afecto y se ha desarrollado como un niño de gran madurez. Sin embargo, confiesa que si solo hubiese sido madre se sentiría muy frustrada. “Uno no puede ser feliz ni ser una buena mamá si no desarrolla su dones y habilidades en el trabajo”, asegura Simbaqueba.

“Yo soy una abanderada de que hayan más mujeres empresarias, porque como madres somos más sensibles, tenemos muchos dones y esto equilibra el mundo.”

Su convicción es tan grande que ha inspirado a otra mujeres empresarias a asumir el reto de ser madres. Sin embargo, ella resalta la importancia de contar con apoyo, pues es imposible ser madre y mucho menos empresaria si no se cuenta con una mano (o varias) que ayuden con amor a sobrellevar la carga en ciertos momentos.

Aprender a tomar decisiones, ser consiente de nuestras capacidades y delegar son herramientas clave para las mujeres que como, Lilian, desean abrazar a nuestro país por medio de emprendimientos que contribuyan a las transformación de muchas vidas.

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